
La revocación de la regiduría de Kira Iris en el actual cabildo de Solidaridad (recordemos que fue elegida por la ciudadanía, no por un partido político) no solo atenta contra su cargo, sino también contra el principio fundamental de nuestra democracia: que el poder reside en el pueblo. Este hecho pone en evidencia un problema que trasciende a una sola persona: la crisis de representatividad y confianza en los partidos políticos.
Quintana Roo, tierra de lucha y esperanza, no puede permitirse retroceder en su anhelo democrático. La historia nos ha enseñado que las verdaderas transformaciones nacen del pueblo, no de las cúpulas partidistas.
De ahí surge una pregunta necesaria: ¿Cuál es la verdadera meta del PAN en Quintana Roo? ¿Representan los nuevos liderazgos la esencia del panismo o se han convertido en simples operadores de intereses particulares? ¿Podrán recuperar su lugar como oposición seria y como gobierno comprometido con el bien común? ¿O estamos presenciando el ocaso de un partido que no ha sabido adaptarse ni responder a las demandas del electorado?
Sin duda, es oportuno recordar que, para ser una oposición con peso y representación, no basta con criticar; se requiere construir, dialogar y ofrecer alternativas reales. Los liderazgos fuertes y congruentes son esenciales, porque de nada sirve un discurso opositor si las acciones no logran resultados tangibles para la ciudadanía.
Hoy, los incentivos para la gestión pública están claramente desalineados con las necesidades de la población. Mientras el gobierno continúe utilizando los recursos públicos como herramienta para perpetuar su popularidad, en lugar de fomentar un estado competitivo con oportunidades de empleo, educación y desarrollo social, Quintana Roo permanecerá atrapado en una fragmentación social. En este contexto, cada quien buscará su propio beneficio en un entorno que, en lugar de unificar, divide.
Cuando se elimina o deslegitima a una figura representativa respaldada por la ciudadanía, no solo se traiciona la confianza que el pueblo depositó en ella, sino que además se abre la puerta a decisiones arbitrarias que pueden comprometer aspectos fundamentales como el desarrollo urbano, la seguridad y la calidad de los servicios básicos.
Quintana Roo no merece liderazgos perdidos en luchas internas ni una oposición ausente. Como ciudadanos, no podemos quedarnos al margen. Es momento de exigir congruencia, resultados y un verdadero compromiso con el bien común, no con los intereses de unos pocos. Solo así construiremos el estado próspero y justo que todos anhelamos.
Nos leemos en la próxima
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