
Rafael Marín Mollinedo ha comenzado a posicionarse como un nombre recurrente en las conversaciones políticas de Quintana Roo, pero no sin despertar cuestionamientos. Para algunos, su cercanía con Andrés Manuel López Obrador y su alineación con la Cuarta Transformación lo colocan como un actor clave para darle continuidad al proyecto nacional en el estado. Para otros, su perfil no pasa de ser una apuesta estratégica de MORENA, diseñada más para mantener cuotas de poder que para generar verdaderos cambios estructurales.
Aunque su experiencia de gestor, particularmente al frente del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, le ha dado credibilidad, los retos de Quintana Roo exigen algo más que eficiencia técnica. El estado enfrenta problemas críticos como la desigualdad, el deterioro ambiental y el colapso de la infraestructura urbana, desafíos que requieren soluciones adaptadas a las realidades locales y no simples fórmulas heredadas del discurso nacional.
La idea de que Marín Mollinedo pueda convertirse en el “nuevo AMLO” en Quintana Roo no deja de ser problemática. Esta narrativa, promovida por ciertos sectores de MORENA, parece más un intento por llenar el vacío de liderazgo que una apuesta genuina por un proyecto político renovador. Su posible regreso al estado, tras su encargo en la OMC, ha generado expectativas y tensiones internas en el partido, pero también ha dejado en evidencia la falta de liderazgos consolidados a nivel local.
El problema de figuras como Marín Mollinedo es que llegan con el peso de la expectativa, pero también con el riesgo de perpetuar prácticas centralistas y ajenas a las necesidades reales de los quintanarroenses. Sus detractores advierten que podría convertirse en un operador político más, enfocado en preservar intereses partidistas en lugar de transformar la realidad del estado. Por su parte, sus simpatizantes confían en que su conexión con las bases y su experiencia lo harán trascender más allá de las etiquetas.
La gran incógnita es si Rafael Marín será capaz de articular un proyecto político que realmente atienda los retos del estado o si, como muchos otros antes que él, quedará atrapado en el molde de un liderazgo prefabricado que promete mucho y entrega poco. Quintana Roo no necesita más figuras emblemáticas; requiere soluciones concretas y liderazgos auténticos que vayan más allá de la propaganda. ¿Será Marín el hombre para esta tarea? Por ahora, la incertidumbre es la única certeza.
Nos leemos en la proxima
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