
Con la transición de poderes en puerta, la actividad política en Quintana Roo es más crucial que nunca para el desarrollo y bienestar de sus habitantes. Pero, ¿qué pasa cuando se deja de realizar? La respuesta es clara: desaparece el contrapeso esencial para la democracia.
Ejemplos recientes no pueden pasar desapercibidos. La controvertida “cafetería de la discordia” en el Congreso del Estado parece un capricho del nuevo grupo en el poder, mientras que la cuestionada “ley chaleco” da la impresión de tener objetivos meramente recaudatorios, a pesar de las negaciones oficiales. Estas acciones, sin una adecuada oposición, se convierten en leyes sin un verdadero debate, lo que subraya la falta de representación y participación ciudadana.
Además, la inactividad política favorece la corrupción. Cuando esta se ejerce de manera transparente y responsable, actúa como un mecanismo de control y vigilancia. Sin supervisión adecuada, la corruptela prolifera, permitiendo que individuos y grupos saqueen los recursos públicos sin rendirle cuenta a nadie. De ahí que los ciudadanos tienen el derecho y el deber de exigir transparencia y rendición de cuentas para prevenir que se arraigue y deteriore la confianza en las instituciones.
Tal parece que el nuevo grupo en el poder en Quintana Roo, ha olvidado que la política es el canal a través del cual las voces de los ciudadanos son escuchadas y sus necesidades atendidas. Sin un sistema político funcional, las demandas de la población quedan desatendidas, generando descontento y un sentimiento de abandono. De ahí que es sorprendente que, en plena era de la información instantánea, la sociedad no se involucre más en la creación de una comunidad justa y equitativa, buscando el mayor bien común.
“La importancia de una política activa y responsable”
Es fundamental resaltar la necesidad de una política activa y responsable, entendida a modo de un servicio público que busca el bien común, la equidad y la justicia. Los líderes de los partidos políticos y representantes de los tres poderes en el estado como son el ejecutivo, legislativo y judicial deben ser conscientes de su rol en la construcción de una sociedad más justa y próspera. La participación ciudadana es clave: los ciudadanos, involucrarse en los procesos electorales, desde la toma de decisiones hasta la supervisión de las acciones gubernamentales. Esto no solo fortalece la democracia, sino que también asegura que las políticas públicas respondan a las necesidades reales de la población.
En conclusión, la transición de poderes es una oportunidad para reflexionar sobre el papel crucial de la política en la sociedad y la necesidad de una participación activa y comprometida de todos los ciudadanos. Es un llamado a la acción para construir un Quintana Roo más justo, equitativo y próspero para quienes lo habitamos. Porque, dejar de realizar política en Quintana Roo, o en cualquier otra región, tiene consecuencias graves y multifacéticas. No olvidemos que es vital para un desarrollo equilibrado, una gestión transparente y un estado de derecho sólido. Sin ella, las bases de la sociedad y el bienestar de sus ciudadanos están en juego y debe ser entendida no sólo como un ejercicio de poder, sino como una herramienta para la tranquilidad colectiva y la justicia social.
Nos leemos en la próxima
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