Este lunes 25 de octubre, usted escuchar hablar en diferentes foros y por distintos medios acerca de la violencia de género y del Día Naranja. Pero, sin lugar a dudas, aún existe un porcentaje alto de ciudadanos que se siguen preguntando ¿qué se conmemora? Lo cual, sin duda, me lleva a reconocer que para erradicar dicho cáncer de nuestra sociedad, debemos partir del reconocimiento que hombres y mujeres son violentados y violentadas de formas distintas.
Lo cual, me lleva a recordar que, la violencia de género muchas veces es invisible, ya sea por su normalización o por la evidente situación de desventaja en la que se encuentra la víctima, o bien, por el peligro adicional que siente si alzara la voz. Por ello, tenemos que ser un factor de cambio para estrechar las brechas de desigualdad que existen, porque la violencia de género sin duda conlleva a ejercer otro tipo de violencias.
Siendo, las niñas, y mujeres, quienes sufren de amenazas y agresiones, en las que en la mayoría de los casos el agresor es un hombre: un alto porcentaje se encuentra en la figura del el padre, el esposo, la pareja sentimental, un familiar, un compañero de clase, un amigo o un desconocido en la calle.
Por lo cual, es apremiante, en estos tiempos, dirigir el aprendizaje de niñas y niños con igualdad de género desde la casa, con la conciencia de que se está formando a las y los adultos de mañana. La educación bajo este principio, debe dirigirse a que el infante aprenda a manejar sus emociones y a canalizarlas, para dejar de estereotiparlas como naturales de un género. Normalmente, se relaciona el enojo a lo masculino, y el llanto o la tristeza a lo femenino. Situaciones que podrían generar en la niñez algún tipo de frustración que propicie más violencia.
Es una realidad, que las diferentes expresiones de agresión en contra de las mujeres nos rodean todos los días; en los espacios de convivencia: la familia, la escuela, el trabajo, la calle, el transporte público, los medios de comunicación, el Internet. Al igual que muchas personas actúan de buena fe, al acomodarse el pañuelo o la corbata naranja y hacen un compromiso en el “extremo caso” de enfrentarse a una situación de violencia de género, la pregunta es ¿estarán listos para enfrentarla? Toda vez que la información en torno a este tema, se maneja con mucho sigilo en todo el país.
Por lo que; más allá de usar la prenda naranja, es mejor convertirnos en parte de la solución y dejar de ser testigos silenciosos o, incluso, cómplices involuntarios, ante agresiones verbales y físicas en los espacios públicos (transporte, calle). No hay que voltear hacia otra dirección, en lo posible, hay que ponerse abiertamente del lado de la víctima y defenderla.
Por último, será interesante saber en torno a este tema, de las acciones que realizaran, los Institutos de la Mujer-Juventud y Deporte en Solidaridad, después del Día Naranja. Cuáles, son los talleres, programas, capacitación de personal, si existe presupuesto para la atención de las víctimas, entre otras cosas.
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