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En Quintana Roo, todos y todas caben en MORENA

MOR
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En Quintana Roo, MORENA se ha convertido en un verdadero imán político donde, al parecer, todos y todas tienen cabida. Si bien la pluralidad dentro del movimiento que encabeza la 4T no es novedad, en el Caribe mexicano ha alcanzado niveles que, por un lado, reflejan su capacidad de atracción, pero, por otro, ponen en duda los principios de “no mentir, no robar y no traicionar” que tanto pregona la dirigencia nacional.

Por ejemplo, la reciente incorporación de figuras con antecedentes priistas, panistas y perredistas no hace más que confirmar una estrategia de absorción política. En este esquema, las convicciones ideológicas pasan a un segundo plano ante la urgencia de mantener el control del estado. Así, el pragmatismo electoral que caracteriza a MORENA a nivel nacional se replica en Quintana Roo sin ningún tipo de filtro, lo que permite la llegada de perfiles que, en otro momento, fueron férreos opositores de la 4T o que, simplemente, han sabido acomodarse en cada administración.

Los reciclados de la política

Es un hecho que la política en Quintana Roo siempre ha sido un juego de acomodos. Sin embargo, la rapidez con la que MORENA ha asimilado a ex-militantes de otros partidos resulta llamativa. Personajes que, hasta hace apenas unos años, defendían a capa y espada el neoliberalismo, las reformas estructurales de Peña Nieto o incluso pactaban con grupos de poder económico, ahora visten la camiseta guinda y hablan de transformación.

Ante esta situación, surge una pregunta clave: ¿MORENA en Quintana Roo tiene realmente un proyecto político definido o, más bien, es un cascarón que acomoda a quienes buscan mantenerse en el poder?

Lealtades volátiles y cálculos electorales

Por otro lado, el pragmatismo con el que se maneja el partido en el estado responde, en gran medida, a la necesidad de ganar elecciones más que a la construcción de una base política sólida. No obstante, la inclusión indiscriminada de perfiles con antecedentes cuestionables también puede convertirse en un problema interno.

Si bien la estrategia de sumar a todos bajo la promesa de unidad ha sido efectiva en el corto plazo, las fracturas internas podrían aparecer cuando estos personajes, sin una verdadera convicción morenista, comiencen a buscar posiciones de poder. De hecho, las traiciones y rupturas no han sido ajenas a la historia de MORENA en otros estados y, en este sentido, el riesgo en Quintana Roo es el mismo.

¿Hay espacio para la verdadera militancia?

Mientras el partido abre sus puertas a expriistas, ex-panistas y ex-perredistas, la militancia de base, la que ha trabajado desde el inicio de la 4T se pregunta qué espacio le queda. En este contexto, las decisiones cupulares han dejado fuera a muchos cuadros que creyeron en el movimiento y que ahora ven cómo otros, sin historia en el partido, obtienen candidaturas y puestos clave. En consecuencia, este es el dilema central: aunque MORENA ha demostrado ser una maquinaria electoral ganadora, corre el riesgo de perder identidad. La gran incógnita es, hasta  cuándo podrá sostener este modelo de inclusión sin que se convierta en un simple refugio de políticos oportunistas.

En conclusión, en Quintana Roo parece que todos y todas caben en MORENA, pero la verdadera pregunta es: ¿cuánto tiempo más podrá sostenerse esta estrategia sin consecuencias para el movimiento?

Por: Juan Sosa…nos leemos en la próxima

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