El Día Naranja en el estado debería ser un recordatorio incómodo tanto para las autoridades como para la sociedad, y no un simple acto simbólico que se diluya con el tiempo. Sin embargo, mientras las instituciones colocan lazos naranjas y publican mensajes en redes sociales, la realidad de la violencia contra las mujeres en los municipios sigue siendo alarmante.
¿Compromiso real o simulación?
En este contexto, surge la pregunta: ¿los Institutos de las Mujeres y otras instancias gubernamentales, al realizar eventos de “sensibilización”, realmente están generando cambios? La realidad indica que pocas de estas acciones se traducen en apoyo tangible. Las víctimas siguen enfrentando obstáculos para acceder a justicia y protección, mientras que los protocolos de atención permanecen débiles.
Es evidente que colocar lazos naranjas en oficinas públicas y organizar marchas no cambiará nada si no existe una voluntad política clara para:
- Reforzar los protocolos de atención.
- Capacitar a las fuerzas de seguridad.
- Garantizar el seguimiento efectivo en los casos de violencia.
Cifras que no se pueden ignorar
Cuando se revisan los datos, las cifras son alarmantes en los municipios de Quintana Roo. Las autoridades enfrentan altos índices de violencia familiar y de género. Sin embargo, la falta de campañas contundentes y la escasa difusión de líneas de ayuda dejan en evidencia que la prioridad no es erradicar el problema, sino simplemente aparentar acción.
Por otro lado, las mujeres que se atreven a denunciar a sus agresores se encuentran con un sistema que, en el mejor de los casos, las revictimiza. Mientras tanto, los atacantes permanecen libres, y las cifras oficiales, lejos de reflejar la realidad, suelen minimizar la magnitud del problema.
Un llamado a la acción
Por todo esto, el Día Naranja no puede ser solo un recordatorio mensual. Debe convertirse en un llamado urgente para exigir políticas públicas reales, atención inmediata y una sociedad más activa en la lucha contra esta crisis. Los alcaldes de los municipios de Quintana Roo deben entender que se necesita mayor acción y menos simbolismo. Colocar un lazo no basta: hace falta compromiso, resultados medibles y soluciones concretas. ¿Cuándo veremos un cambio real, más allá de los discursos? Es tiempo de actuar.
Nos leemos en la próxima
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